Somos los
indefensos que se hunden
en la noche
que no pidieron
José Emilio Pacheco
(Fragmento del poema Los indefensos)
Podemos comprendernos y compadecernos porque
compartimos el mismo destino. Nada más petulante que creerse
eterno. Los negadores de la fugacidad desean abandonar la
condición humana: anhelan ser dioses, los "salvados" miran por encima
del hombro. José Emilio Pacheco era un hombre sencillo y trágico:
aceptaba la realidad. Asumió la muerte y el tiempo fue un tema importante en su poesía. No se escondía con idealismos banales. Decía que
el mundo es horrible, y tenía razón. José Emilio era un poeta sensible, un
hombre extraordinariamente amable. Era imposible no quererlo.
En 2008 y 2009 mantuve correspondencia con
José Emilio. Yo dirigía la revista semestral de psicoanálisis Non
nominus. Estábamos preparando el noveno número: Psicoanálisis y
Literatura. Fernando del Moral le presentó la revista que editábamos
Gabriela Gómez, María Luisa González y yo. A José Emilio le gustó mucho. Lo
invité a colaborar. Le envié un correo. Él agradeció la invitación y nos
compartió cinco poemas que en aquél tiempo no habían sido publicados. Él
deseaba que salieran todos juntos, pues conformaban una unidad.
La correspondencia siempre fue cordial.
Desde el primer correo electrónico él me ofreció su amistad. Yo me sentía
agradecido por la posibilidad de compartir palabras con uno de nuestros mejores
poetas.
Sufríamos con las
computadoras. Frecuentemente nos hacían malas jugadas. José
Emilio era riguroso con la ortografía, y eso volvía loco al ordenador. El
29 de agosto de 2008 él me escribía al respecto:
Doctor:
Le he enviado muchas veces el texto y me lo devuelven.
Al parecer el problema es el acento de Godínez, que sin embargo aparece en la dirección que está en su carta.
Lo escribo sin acento y de nuevo lo rechazan.
Habrá que psicoanalizar a este fantasma electrónico.
Le he enviado muchas veces el texto y me lo devuelven.
Al parecer el problema es el acento de Godínez, que sin embargo aparece en la dirección que está en su carta.
Lo escribo sin acento y de nuevo lo rechazan.
Habrá que psicoanalizar a este fantasma electrónico.
(29 de agosto de 2008)
José Emilio sabía bien que las máquinas se
devoran lo humano. No creía en la tecnología ni en el progreso. Me recordaba a
Walter Benjamin: le aterrorizaba la destrucción del humano a favor de la
técnica (el horror del mundo). A veces me enviaba correos que no me llegaban y
viceversa. Me contaba sus desventuras:
Le escribí una carta de inmediato. Al intentar enviarla desapareció ¿Quién
psicoanalizará a las computadoras y su inescrutable hostilidad contra los seres
humanos?
(26 de noviembre de 2008)
La revista Non nominus publicó los cinco
poemas que nos envió. Respetando su obra, publicamos un poema en cada página,
tal cual él lo había solicitado:
Desde luego lo ideal es un poema por página, ya que se trata de algo
audiovisual en el sentido más puro de la palabra: un texto que se lee y se ve
al tiempo que se escucha.
(30 agosto de 2008)
José Emilio era un hombre sin dobleces. Más que la
celebridad, buscaba la tranquilidad. De la FIL decía que era un caos
infinito. Prefería que no nos reuniéramos en la Feria: ahí no se
puede conversar. Debido a que sufría con los viajes, los tumultos y la actividad pública, nos mencionó que no podría estar en la presentación del noveno
número de la revista Non nominus:
Mi querido Abraham:
Después de los homenajes a Monsiváis y a Fuentes, la feria y el ciclo del CN no tengo fuerza ni ánimo para hacer nada más en lo que resta del año. Sólo de pensar en el viaje al aeropuerto siento escalofríos. Además ya la vida literaria ha sustituido a la literatura y lo que yo quería era escribir. Por favor comprenda mi situación y reciba todo mi agradecimiento. Un abrazo
José Emilio
(26 de Noviembre de 2008)
José
Emilio amaba la literatura. La vida literaria era un mal necesario. La
escritura requiere de tiempo y de soledad. Lo entendemos porque en
psicoanálisis sucede algo similar: la vida psicoanalítica (las universidades, los
congresos, los coloquios, las presentaciones de libros, las sociedades, los institutos, las
escuelas y las redes de psicoanálisis) sustituyen al psicoanálisis mismo
(espacio de intimidad y soledad en el que se cuenta el dolor).
José Emilio padecía con tanto trabajo que
tenía. Estaba rebasado de compromisos y soportaba el dolor del cuerpo. A veces sus respuestas eran apresuradas; aún así, siempre
respondía. Sufría de una amabilidad irrenunciable.
El noveno número de la revista Non nominus
lo presentamos en una fría noche del 12 de diciembre de 2008 en el
patio del Ex-Convento del Carmen (Guadalajara, Jal). Le enviamos la revista por
correo postal. Agradezco mucho el tiempo que se tomó para leer la revista y
comentar mi trabajo sobre Manuel Acuña:
Querido
Abraham:
Gracias por
la revista. La leí íntegra y me gustó mucho el ensayo sobre Acuña. Usted dirá
que es un texto psicoanalítico y sin duda lo es pero también me resulta un
ejemplo excelente de crítica literaria: da interés a lo que antes no interesaba
y hace ver lo que no habíamos visto. Felicidades de verdad.
Siento mucho
que las limitaciones de mi casa nos impida recibirlos como se merecen. Sólo (ya
lo verá) hay espacio para un invitado. Pero podemos vernos aquí y, si me
permiten, los invito a desayunar el jueves en alguno de los innumerables
restaurantes que pueblan la Condesa.
(26 de enero de 2009)
María Luisa González, Gabriela Gómez y yo
viajamos de Guadalajara a la Ciudad de México. Presentamos la revista
en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; sin
embargo, no pudimos reunirnos con José Emilio. Lamentablemente él sufría
de problemas de movilidad y decía que la Ciudad de México se había vuelto
imposible. Contrario a nuestra voluntad, el jueves 12 de febrero de 2009 no pudimos encontrarnos con él porque debía asistir con su oftalmólogo en el
Hospital Inglés. Cada tratamiento lo dejaba sin ver el resto del día. No
nos conocimos en persona, pero lo hicimos a través del correo
electrónico.
Aunque las computadoras nos trataban como
Wanda de Dunaiew a Severino de Kusiemski, continuamos con nuestra
correspondencia durante algunos meses más. Siempre me conmovió
la gentileza de José Emilio. Le agradecí mucho su colaboración con Non
nominus, lo sigo haciendo. Fue una fortuna haber publicado cinco de sus
poemas y haber compartido cartas con él.
El tiempo es muerte, nuestro futuro seguro... José Emilio vivirá en nuestra memoria.
El tiempo es muerte, nuestro futuro seguro... José Emilio vivirá en nuestra memoria.
Abraham Godínez, 30 de enero de 2014
Tenemos memoria compartida. Fué un privilegio invaluable haber contado con la colaboración de José Emilio Pacheco en la que entonces era nuestra revista. Por dirigir tú el número dedicado a Psicoanálisis y Literaura, tuviste la enorme fortuna de compartir más de cerca con él. Lo celebro pues te ha dejado grato recuerdo y gran experiencia, y a nosotros, el gusto extendido de haber recibido sus letras inéditas. José Emilio vivirá en nuestra memoria!!
ResponderEliminarLuisa.