El psicoanálisis puede
ser un modo de hacer experiencia: experiencia
es aprender a vivir. Aprender a vivir
es aprender a morir; también, aprender a estar con el otro: con su presencia y
su ausencia. Aprender a vivir es imposible, pero es necesario… A propósito,
este pasaje de Espectros de Marx de
Jacques Derrida:
“Alguien,
usted o yo, se adelanta y dice: quisiera
aprender a vivir por fin.
Por
fin, pero, ¿por qué?
Aprender a vivir. Extraña máxima. ¿Quién
aprendería? ¿De quién? Aprender [y enseñar] a vivir, pero ¿a quién? ¿Llegará a
saberse? ¿Se sabrá jamás vivir, y, en primer lugar, se sabrá lo que quiere
decir “aprender a vivir?” ¿Y por qué “por fin?
[…]
Aprender
a vivir ¿no es acaso la experiencia misma?
[…]
A
vivir, por definición, no se aprende. No por uno mismo, de la vida por obra de
la vida. Solamente del otro y por obra de la muerte. En todo caso del otro al
borde de la vida. En el borde interno o en el borde externo, es ésta una heterodidáctica
entre vida y muerte.
Nada
es, sin embargo, más necesario que esta sabiduría. Es la ética misma: aprender
a vivir ―solo, por uno mismo―. La vida no sabe vivir de otra manera. ¿Y acaso
se hace jamás otra cosa que no se aprender a vivir, por uno mismo? ¡Extraño empeño para que un ser vivo y
supuestamente vivo, desde el momento en que este “Quisiera aprender a vivir” es
a la vez imposible y necesario!”
Jacques Derrida, en Espectros de Marx, p. 11-12
No hay comentarios:
Publicar un comentario