Los caminos a Roma parece una novela
de anécdotas, pero es más que eso. Se trata de una novela que transmite un desconsuelo profundo: hay un desarraigo doloroso; cualquier lugar al que se vaya, no hay lugar en el mundo. En la literatura nos encontramos con viajes legendarios:
podemos pensar a Ulises fuera de Ítaca, a Alicia en su país de las maravillas, al Quijote vagando por un lugar de la Mancha y al pequeño príncipe de Saint-Exupéry viajando entre planetas. El viaje de Fernando Vallejo es simple
y humano. Los viajes se hacen porque uno nunca encuentra lugar. Más que una queja, es una situación sin
remedio: si no profesas un credo, si no sacas credenciales y si no te enfilas a un ejército, en este mundo no hay
lugar. Entonces no queda más que viajar...
Fernando
Vallejo nos cuenta un pasaje de su vida: ha salido de Colombia hacia Roma.
Quiere estudiar cine; sin embargo, se dedica a otras cosas: Bueno, yo vine a Italia a estudiar cine y a
nada más. Pero el más se fue haciendo más y más, se fue creciendo, y acabó por
absorbérselo todo (Vallejo, 2006: 30). Lo más interesante de la novela es
el estilo del escritor colombiano: su sentido del humor (negro y ácido, pero
honesto) es una delicia. Fernando Vallejo es un maestro de la frase. Aquí cito
aquellas que más me han gustado:
"Y niños. Móviles niños con nueva
cuerda para un día más, un día entero, correteando por el pasillo, abusando.
Abusando de que ya murió el rey Herodes" (Vallejo, 2006: 13)
"A qué tantas carreras, hombre,
para ir a dar a donde vamos todos, tarde o temprano, al mismo sitio." (Vallejo,
2006: 15)
"La luz antes de las once tiene
rayos infrarrojos." (Vallejo, 2006: 17)
"Cuando vivía en Roma soñaba con
Medellín; cuando regresé a Medellín empecé a soñar con Roma." (Vallejo, 2006:
25)
"No cierres pues, Paulina, las
puertas y ventanas que así no dejas pasar la luz. Ábrete, ábrelas." (Vallejo,
2006: 36)
"En cada encrucijada tomo el
camino errado." (Vallejo, 2006: 41)
"Permítaseme una digresión sobre
las putas en Roma: cuestan una fortuna; cien veces más que los muchachos, sin
proporción." (Vallejo, 2006: 42)
"Hace cuatro siglos lo quemaron
pero en mi corazón arde Giordano Bruno todavía." (Vallejo, 2006: 44)
"El amor es una gonorrea del alma."
(Vallejo, 2006: 57)
"Tienen los franceses una muy
distinta concepción de las cosas. Saliendo de una función me dice una francesa:
Ustedes los latinoamericanos no sirven para el amor. No huelen a nada. Es como
acostarse con un vaso." (Vallejo, 2006: 68)
"Mi vida es como un gran portón de
oficina pública por el que entra y sale gente. Sin parar." (Vallejo, 2006: 69)
"La caja de chocolatinas me costó
una fortuna, el equivalente a tres noches de hotel. Total ni las voy a dormir
aquí, duermo tres noches menos, se las descuento a mi vida y ya." (Vallejo,
2006: 71)
"De la fría perfección ¡líbranos
Señor!" (Vallejo, 2006: 83)
"No hay dicha en la vida mía que
no me la amargue alguno. El amor me lo amargó la Iglesia: respirar es pecado."
(Vallejo, 2006: 116)
"'Intellettuali', palabra inocente
del latín que Italia pervirtió aplicándola a esa raza maldita." (Vallejo, 2006:
126)
"Los panes duros me ablandan el
corazón." (Vallejo, 2006: 132)
"Con ustedes los jesuitas no sabe
uno a qué atenerse, hoy piensan muy avanzados, mañana muy atrasados. Son el
demonio." (Vallejo, 2006: 136)
"El sentido de culpa que heredé de
nuestro padre Adán y que con esmerado amor cultivaron los salesianos se me
exacerbaba." (Vallejo, 2006: 164)
"Son ingleses. Y ahí donde usted
los ve tan propios, tan circunspectos, tan callados van borrachos. Yo sé lo que
les digo, yo los conozco, yo soy experto en humanidad. Borrachos pero callados,
rumiando los pensamientos, con el pudor de existir. Así me gusta a mí."
(Vallejo, 2006: 173)
"Hombres, niños, viejos, mujeres,
camino todos de la muerte y de repente, entre el gentío, un muchacho, una belleza,
como un diamante en un basurero. No hay otra razón para la humanidad: sólo ese
brillo fugaz, el fulgor de la llama." (Vallejo, 2006: 176)
"―Recuerda que eres polvo y que en
polvo te habrás de convertir.
¿Polvo? Polvo es mucho. Menos que
eso. Somos nada, un espejismo de la nada." (Vallejo, 2006: 183)
"¡Si todos los niños, hombres, son
iguales! Tienen ojos, boca, nariz, orejas. Repetidos, simétricos, monstruosos.
Después les salen los dientes para devorar al mundo." (Vallejo, 2006: 185)
"Alemania prepotente y belicosa,
especialista en perder guerras." (Vallejo, 2006: 192)
"Qué más da, recuerdos son
recuerdos: llamitas moribundas que ya apagará el olvido." (Vallejo, 2006: 195)
"Y no les traigo regalos. ¡Que más
regalo que el tiempo que no me vieron!" (Vallejo, 2006: 199)
Y
aquí, unos fragmentos de mayor tamaño:
"Los que hemos hecho el curso de
la vida en la calle de Junín quedamos condenados de por vida, sin remedio. No vemos
otro fin, otra razón de esta historia necia que el amor, que le da sentido. Y
si el amor no existe lo inventamos, como el padre Tomasino inventa a Dios.
―No es lo mismo ―dice el padre.
―Sí es lo mismo ―digo yo. Dios es
como el amor: está dentro del que lo necesita.
―Dios no está adentro, está
afuera.
―Yo afuera nunca lo he visto: si
acaso lo presiento en usted. Y acuérdese de la frase elemental de la sintaxis
latina: “Credo Deum esse”: una principal y una subordinada. Yo estoy en la
principal, en el “credo”; Dios en la subordinada. Y como usted bien sabe, padre,
que tanto sabe latín, sin principal nunca hay subordinada. Ni hay amo sin
criado ni rey sin esclavo y donde hay desierto hay espejismo. Así que saque la
conclusión." (Vallejo, 2006: 157)
"…esas amplias casonas en que
vivimos de corredores inmensos, frescos, aireados (no los apartamenticos minúsculos,
encerrados de aquí más las fincas para los fines de semana y días de fiesta, es
a saber: los feriados de la iglesia y los feriados del gobierno que se
encadenan en puentes simples, dobles, triples y entre sí y con la Feria de las
Flores y la Feria de La Candelaria y la Feria de Cali y la Feria de Manizales y
los carnavales de la Costa y el desfile de los silleteros y las vacaciones de
Semana santa y las de mediados de año y las de diciembre que principian a
principio de noviembre y acaban a finales de enero. Ah, y el día del trabajo…
Entonces se pude decir que ustedes viven en el paraíso. Prácticamente sí." (Vallejo,
2006: 162)
Referencia: Vallejo, F. (2006). Los caminos a Roma. México: Alfaguara, 2006.